En los últimos tiempos mucho se esta escuchando sobre este tema. Parece que muchos de los empresarios del sector, ya sean desarrolladores de aplicaciones, consultoras o proveedores de servicios ligados a Internet, han descubierto que esto es una oportunidad de negocios y por ende están volcando algunos esfuerzos en tratar de introducirse en otros mercados. Por cierto que existen varios casos, y algunos muy exitosos, de compañías argentinas o de origen extranjero pero radicadas aquí, que han exportado (y exportan), aplicaciones, contenidos o servicios, en cualquiera de las formas que estos tienen (consultorías, desarrollos especiales, procesamiento, etc.).Pero el tema aparece como mas generalizado ahora y por lo tanto creo, que es interesante hacer unas reflexiones a respecto.
Primeramente, ¿porqué ahora?.
Siempre el tema ha estado en la mesa de las empresas, y pero dos factores recientes han influido para que ahora aparezca con mas intensidad. Por un lado, el hecho que la mayoría de las empresas del sector han estado muy ocupadas proveyendo servicios o aplicaciones en las empresas ligadas a las privatizaciones y luego con el año 2000. Por el otro la crisis, que hace necesario compensar las pérdidas del mercado local, con oportunidades afuera. Esto podría ser un buen comienzo, porque se trata de muchas empresas que ya tienen el tamaño adecuado, como para soportar una estructura gerencial que permita iniciar procesos de exportaciones, y con productos o servicios medianamente consolidados, por haber pasado por las etapas de pruebas de manera doméstica.
Un segundo aspecto que debemos considerar es, cuál es la oferta exportable de la Argentina. Muy a menudo se escucha que Argentina tiene ventajas comparativas con respecto a los demás países de América Latina, dado el supuesto mejor nivel cultural. Obviamente esto parte de la base, que alguien tiene estudios suficientemente profundos que demuestran que nuestros profesionales son superiores a los de otros lados. Por odioso que resulte reconocerlo, esto no es totalmente cierto, especialmente ligado a la posible exportación de servicios de tecnología informática. Normalmente es el mismo argumento (pero a favor de cada uno de ellos) que se escucha otros países de la región (como Chile, Colombia, Brasil y México, solo por nombrar algunos). El problema radica en que posiblemente el promedio de los profesionales argentinos sea superior (no tengo argumentos sólidos para confirmar o desmentir esto), pero para desarrollar una industria como esta, solo basta que una buena Universidad (o algunas pocas), generen un número reducido de buenos profesionales y estos tengan la capacidad de generar algo vendible. Conclusión: mil buenos profesionales pueden formarse en cualquier parte.
Pero aún con esta restricción, la Argentina tiene productos desarrollados localmente ingeniosos, y más aún competitivos. Y tiene una buena oferta de servicios de consultoría disponible. Y con las últimas inversiones en materia de telecomunicaciones, una capacidad de procesamiento que permitiría ofrecer varios servicios desde Argentina al exterior con buenas prestaciones (ASP, eCommerce, contenidos, etc.).
Eso sí, existe una capacidad innata de los Argentinos, el ser creativos e ingeniosos. Y esta si es una ventaja competitiva. He visto muchas aplicaciones realmente interesantes, y que cubren nichos de mercados sofisticados, mucho más que la que puede verse en otras partes del mundo. Gente que ha desarrollado portales innovadores (no por algo el 50% de las .com durante el furor de estas, en América Latina, provinieron de Argentina), software para encriptación, inteligencia artificial, medición de humedad en granos, telecomunicaciones inalámbricas, etc., etc.. Pero como en muchas otras cosas, lo que puede ser creativo, no siempre es vendible. Un aspecto que caracteriza a muchos de los desarrollos locales (incluyendo a los servicios de consultoría), es que no son pensados como un "producto vendible de manera standard", dado que el creativo, tiende a no ser sistémico, y por ende dejar aspectos menores sin finalizar (aseguramiento de la calidad, documentación, procedimientos de resguardos, etc.). También es observable que muchas veces los productos son el fruto de lo que algún cliente pidió como un desarrollo específico, aderezado con algunas iniciativas propias del autor, pero que rara vez obedece a un estudio analítico de los requerimientos del mercado. Por lo tanto, los productos terminan siendo lo que el autor quiere vender y no lo que mercado quiere comprar. Es como querer exportar vino, a partir de una bodega doméstica, donde se embotella a pedido y no existe el packaging adecuado.
El tercer aspecto a considerar, es analizar, a cuáles mercados se puede exportar. Hace poco reflexionaba que la distancia que separa Buenos Aires de Rosario, es la misma que la de la primera ciudad con Santiago, o San Pablo, si lo medimos en horas de traslados y disponibilidad de medios de transporte. Y que ciudades como Santiago del Estero o Comodoro Rivadavia (solo por dar dos ejemplos), están mas lejos que cualquier capital sudamericana. Finalmente Buenos Aires-Jujuy por carretera, queda mas lejos que Buenos Aires-Tokio. Sin embargo, el advenimiento de Internet, especialmente en banda ancha a precios accesibles, hace que el mundo este mucho mas cerca de un país que como el nuestro, siempre ha encontrado en la distancia el principal obstáculo para las exportaciones. ¿Cuántos segundos se necesitan para hacer una transacción electrónica entre Singapur y Argentina?
Por lo tanto, hay un mercado que es el mundo. O al menos aquel que puede hablar en idiomas que podemos entender, traducir, e introducir en los productos, servicios o transacciones.
Sin embargo, a menudo, para quien no hace una correcta lectura de las fortalezas y debilidades, aparecen como mas interesantes los países vecinos. Y en especial el Mercosur. Entiendo que esto es solo parcialmente cierto, porque la primera oportunidad debería ser en los países hispanos parlantes, donde hay necesidad de aplicaciones, servicios, y en especial provisión de contenidos en castellano. Brasil es un gran mercado y seguramente fuente de muchas oportunidades, pero se debe tener una sólida estructura que pueda soportar, ya no solo productos o servicios bilingües, sino una organización de marketing, ventas y soporte en portugués. Y podría resultar altamente costoso, para aquel que recién se lanza a la exportación. De todas maneras, esto depende mucho de los productos o servicios que se deseen exportar.
Un cuarto aspecto, tiene que ver, con determinar si hay realmente "productos exportables". Me estoy refiriendo a que si las aplicaciones, servicios (de todos los tipos), portales, o lo que sea, pueden considerarse un "producto" terminado o al menos suficientemente maduros como para poder ofrecerlo fuera de los límites del país. No es exclusivamente un problema de calidad. Creo que el problema es pasa por paquetizar el producto o servicio, como ya lo he mencionado. No se puede pensar en vender afuera de la misma manera que dentro del país. Es necesario que ese producto (aunque sea un servicio), tenga el formato necesario como para que pueda ser replicable, instable, soportable, y mantenible en tiempo en cada sitio donde sea vendido. En este sentido, creo que tenemos muchas buenas iniciativas, pero muy pocos productos (y nuevamente quiero insistir en que no estoy refiriéndome a producto como una aplicación de software exclusivamente. Producto podría ser un método de implantación, por ejemplo). ¿Tenemos manuales, procedimientos de aseguramiento de la calidad, trasabilidad de problemas, etc.?. ¿Tenemos un procedimiento comercial, políticas de precios, estrategias locales, etc.?
Un aspecto final, es saber si tenemos el marco institucional, legal, aduanero y tributario adecuado. En este sentido muchas son las falencias que nuestro país tiene, desde falta de incentivos al sector (y la fuerte competencia que en este sentido hacen otros países vecinos), vacíos legales, dudosas interpretaciones sobre valuación en aduanas, y un sistema tributario imperfecto (baste mencionar que no tenemos acuerdos de doble tributación con muchos países, o no homologados, o directamente son regímenes diferentes), solo por mencionar algunos de los aspectos que no impiden la exportación, pero la complican. Tampoco tenemos un servicio exterior entrenado y con los conocimientos suficientes como para llevar a cabo una promoción de la tecnología informática.
Dentro de este contexto, Argentina, está intentando abrirse al mundo y encontrar oportunidades. Los servicios y productos ligados a la tecnología de la Información ofrecen un alto valor agregado y una oportunidad de mostrar a la Argentina como un productor de tecnología (y no un mero consumidor), e incluso, un agente que potencia las exportaciones en otros sectores.
En las manos de los productores y empresarios, esta la posibilidad de que estos emprendimientos puedan ser duraderos en el tiempo (una de las bases de la exportación) y que privilegien el bien común a los intereses (y placeres) personales.
En las manos de las cámaras y organismos no gubernamentales, esta el impulsar las iniciativas necesarias para que los productos y servicios tengan algún grado de complementariedad y los esfuerzos sean potenciados por un trabajo organizado y proactivo.
Y en las manos de las autoridades gubernamentales, la oportunidad de demostrar que esto puede ser un buen negocio para Argentina, y apoyar y promover (sin subsidiar) este sector. Los réditos, sin lugar a dudas compensarán estos esfuerzos.